miércoles, 9 de diciembre de 2015

Microviajes a unas manos que no dicen nada

Hace tiempo que no escribo. Me noto los dedos entumedizos.
Un niño no para de llorar dentro de mí. Está terriblemente desconsolado. Tiene el corazón blanco, quiero pensar que sólo está un poquito sucio por el luto de estos días.
La humanidad va cayendo como las hojas de estos meses. Ya nadie recuerda el momento en el que alimentamos el huracán.
Pero -y esto me lo vas a permitir, querido lector anónimo- creo que voy a empezar a hablar. Noto el aliento fresco, como si en mi garganta una menta pinchara mi interior. Solo salen palabras llenas de vida.
Quiero irme. Y no me apena pasar hambre.
Lo que me entristecería es no pasar, o seguir pasando. 

      Dame pies, tierra.         Dame manos, cielo.            Dame algo, alguien.          Déjame dar.


Dí... ciembre

martes, 29 de septiembre de 2015

Viernes, 7 de Agosto

Santiago de Compostela - Madrid
Casas blancas y balcones negros. Piedra y madera. Yo pertenezco a esto.

Los latinos
En los pocos días que llevamos de ruta he descubierto que somos más parecidos a los humanos del continente americano de lo que nos resultaría cómodo pensar. Abrazada a esta idea ha nacido la admiración por las diferencias apreciadas.
Los latinos. Gente. Personas. Humanos.
Maravillas manchadas de café, limpiadas por el más puro sol. Improvisación rítmica, movimiento continuo; pies, manos, caderas. Dos ojos tranquilos que miran y llameantes gritan de rabia. Boca que canta la sonrisa. Tacto continuo, seguro, maleducado, tierno. Abrazos que -lejos de ser piel- acarician la esencia. Dolor profundo por el robo injusto, llanto bailarín por el asesinato cultural. América Latina no se destruye, se reconstruye a base de cabezas sin miedo y manos que dan. Palabras huérfanas de lenguas fallecidas son adaptadas por labios que hablan. Hablan y dicen.

Y a su lado, nosotros.
Europeos maquillados que temen la suciedad. Ignorantes que piensan que el decorado nos salva de la miseria. Conquistadores soberbios que pierden la batalla contra sí mismos. Intelectuales que desprecian la magia de los cuentos. Almas solitarias que nadan en busca de un naufragio que las comprenda. Mirada altiva que tiembla ante la idea de una diminuta mancha de vulnerabilidad. Hombre que en el pico de la montaña la hiere con su bandera.
Nos clavamos en América por la incomodidad de la existencia de nombres sin nuestro nombre.

Y ahora, yo tan pequeña,
tengo la oportunidad de descubrir América por encima de esos barcos cargados de opresores
tengo la oportunidad de descubrir América por abajo
desde la tierra
 hasta la más alta cumbre:
el hombre latino


*Todo lo escrito es sacado literalmente de mi Diario de Ruta

** Dedicado dos españolas que estaban durmiendo a mi lado en el bus mientras escribía esto. Inés, Irene (enamoradas como yo de esta cultura)

*** Dedicado a ese continente: A Eze (que va a cambiar el mundoo) , Chris (que escribe con el alma), Grate (que baila con el corazón), Javi (que es ÉXITO), Sergio (ojos tiernos), 
a las mujeres latinas en general: Eri (auténtica), Ana (Una Quetzal de verdad),  Brenda (toda agradable),  Vane (DULCE),  Flor (tan cariñosa), a Pauleuro (una obra de arte) y a todas las demás, que saben sufrir con la sonrisa...
a los latinos sinvergüenzas de corazón blando como Eric, Palito, Nahum; a Ema (brillo en la mirada y alas enormes)...

Va por todos vosotros, va por la ruta.

 Pero sobretodo, este texto va para 
mi hermana Mariana, que es hija de otra tierra y 
mi tesoro de la experiencia, Marcela.
Me han enseñado a llorar en otro idioma. 

(Nunca antes algo que había escrito había sido un nubarrón para tal lluvia de emociones.) 




domingo, 19 de julio de 2015

Cómo jugar contigo

Jugadores: 
Dos. Uno de ellos con plumas por si se quiere escapar.

Objetos necesarios: 
Nada. Y cada vez menos hasta reducir la nada a _____.

Duración del juego: 
Entre dos y ochenta y seis años -dependiendo del grado de implicación e intensidad de los participantes-.

Reglas:
1. Los dos sujetos han de hablar el mismo idioma, o al menos entender gesticulaciones en un 25% de los casos.
2. Si a alguno de los dos se le escapan lágrimas antes del final ambos serán sancionados con un distanciamiento bajo aceptación mutua.
3. Si el calor congela los sentimientos el juego se da por finalizado inmediatamente.
4. Si se pierde algún labio entre otros dientes fuera del tablero las posibilidades de retirada se incrementan en un 107%.
5. Al comenzar el juego se decidirá una palabra o sensación prohibida. Por ejemplo: si es el cansancio ninguno podrá bostezar hasta el final -esto depende del grado de hedonismo y masoquismo de los participantes-.


Instrucciones:
1. Para comenzar se tiran los dados lo más lejos posible para que ninguno sepa donde y cómo acabará.
2. Durante el transcurso del recorrido intrapersonal e interpersonal no se seguirán las reglas.
3. Al final, como con todo, se acaba. Los niños crecen y los juegos acaban considerándose vicios.


Lo único que me da más miedo que la certeza es la incertidumbre.

Hasta pronto principito, 
hasta tarde bailarín.

viernes, 17 de julio de 2015

Estamos sentados en el coche, una noche más, en la acera frente al portal de mi casa. En el asiento del conductor él. Ojos redondos y risa perenne. En el asiento del copiloto yo. Risa redonda y ojos perennes. Es una despedida más, tenemos la manía de encajarlas en este escenario.

- Si cierro los ojos- empiezo yo- por mi mente pueden sucederse una lista continua de adioses que siempre se nos quedan a medias.
- No cierres los ojos- me responde.
- No. No quiero mirarte.

Como interrogación curiosa él se gira, dirige el cuerpo hacia mí y curva las comisuras hacia abajo.

- No puedo mirarte porque no sé lo que veo – le digo- Es decir... Veo más de lo que hay pero menos de lo que es.
- No entiendo- corta él.
- Yo tampoco.

Y así el tema empieza a hacer círculos sobre sí mismo. Se me pellizca la curiosidad, ¿sabes? Porque en medio de la conversación siempre acabo atinando a su boca -aunque estemos mencionando la existencia humana en el ártico, o aunque me pregunte por las sílabas de los hiatos- siempre, siempre, acabo mareada en la obsesión, en la idea de su boca. La veo arriba y la veo abajo. Moviéndose para musitar alguna respuesta que estoy casi segura que no está pensando, pero que elabora con correcta expresión o alguna que está pensando pero no sabe decir. Recuerdo entonces aquel beso que no supo a nada, aquel otro que coronó la tarta de una de las noches más mágicas de la terrible historia de mi vida. Y pienso ahora qué ¿Ahora esa boca existe? ¿Es una boca entre tantas? ¿Me habla o me besa palabras?

- No tienes por qué pensar así, ya tendremos tiempo.
- Mentira.

Mentira porque yo me voy a enamorar y tú te vas a tentar tu propia suerte. Como siempre. Pero no me duele tanto como sí me duele. Entonces las antes mencionadas palabras se abstienen de dar su opinión y tú me sujetas la cara entre las manos. Escalofrío. Escalohelado. Escaloardiente. Como cogerte la mano en el cine y percibir que suspiras una caricia. Escaloalgo y no escalo nada. Piel. Noto el contorno de mi cara por tus besos. Y tienes razón, ya tendremos tiempo; tienes razón no entiendo nada.
Se repite la historia, yo tiro la ropa por la ventanilla, tú la pones encima; de vez en cuando nos miramos y de vez en cuando nos vemos. Yo me apoyo en ti tan cómoda que no pienso “hogar, hogar, hogar: hogar es en cualquier lugar que esté contigo”. Nada más y nada menos.

- Me quedo una vez más con muchas historias que contarte, con mucho que decirte y sentirte pero he perdido mis labios para hacerlo.

- Te quedas conmigo.


lunes, 6 de julio de 2015

Fe-sí (R)

Entre buscar y buscar uno no siempre encuentra lo que quiere y a veces lo que tiene que descubrir es cuál quiere que sea su hallazgo.

Eso lo sabía bien el protagonista de este texto. Entre salto y salto se notaba que era de viento: así se podía admirar -desde el suelo, donde yo lo observada y paralelamente, donde se le veía tras la actuación- así pretendía parar los pies. Pero ¿quién le planta las raíces en el suelo al aire en movimiento? ¿quién puede? ¿quién quiere después de verlo bailar?

A mi me resultaría negar las maravillas que surgen a su alrededor: palabras. Porque estamos hechos de esas experiencias que no caben en un tarrito y sólo al verle yo ya pensaba que él necesitaría varías fábricas para rellenarse.
Biólogo, periodista, curioso: medio planta, medio humano, sabe mirar. Y después de chocar contra tantos cegatos se agradece alguien capaz de dar utilidad a los ojos. Como con eso con todo. El oído para escuchar, la boca para decir, la nariz para la memoria olfativa, las manos para dar. Pero todo un poquito más.

Claro que nada de esto habría sido posible si no fuera por ser él. Ya lo admiraba yo antes de admirarle solo con leerle. Después las carcajadas, las patadas "accidentales" (por lo menos sin la intención de dañar), conocerle fuera de lo que escribía, dentro de lo que vivía y siendo consciente de que sólo es un simulacro de lo que verdaderamente es...

Que tengo la desgracia de los kilómetros y de los días contados para nuestros encuentros, por no hablar de las obligaciones que tenemos que cubrir -sabiendo aquello de "obligaciones" como algo que nos llena y por lo que optamos conscientemente-. Pero de verdad agradezco la sorpresa de verte, lo agradezco como un regalo personal y no como casualidad del destino. Agradezco el breve, el muy breve, el brevísimo café para aupar los párpados en la locura de enseñar lo que nosotros recibimos gratis. Agradezco las conversaciones a medias, las conversaciones virtuales, el teatro, la literatura, la cultura... Agradezco poder agradecerte y hacerlo durante mucho tiempo.

Gracias en nombre del viento por no parar, gracias en nombre de los niños por estar, por hacer, por actuar, gracias en mi humilde nombre por animarme pensar y por ese abrazo efusivo que no me llegaste a dar -porque al menos de algo me puedo quejar-, gracias por las preguntas -como en Mallorca sobre el Silencio, sobre el campo, sobre Campo de Silencio- tan pequeñas y tan grandes. Gracias por la naturalidad de ser tú, gorra, collar, sonrisa. Gracias por tantos síes detrás del "no" que te pones en el nombre. Gracias por las gracias... ¡Gracias!

domingo, 5 de julio de 2015

Juegos y gol

Tan preocupada por comprenderme, suponiendo que al entender la vida también podría llegar a situarme en ella. Como si al situarme frente a las reglas del juego ya supiera colocar el balón. Pero no contaba con tus ojos tostados. No contaba con las faltas, los penaltis, los tiempos extra. Contaba hasta tres preparada para el inicio del partido, pero no sabía qué hacer después de cada jugada. Siempre hay otra más. Y tus ojos cafés. Las caídas tontas entre mis pies, los cordones desabrochados. Los despeines y los cepillos que solo sirven para que las niñas chillen molestas. Cuánto me duele que me jales las ideas. Las calzonas que se mueven, y las camisetas que se evaporan. Y tus ojos desayuno. Y tus ojos inicio de cada día, alimento más importante, tus ojos pies descalzos, tus ojos pelo y raíz.



Foto de Laura Makabresku

miércoles, 1 de julio de 2015

Adiós con el corazón... Que con el miedo, no puedo




Parece que últimamente siento las flores como si me crecieran en el estómago. Qué puedo decir. No puedo negar que los insectos me bordean las ideas. Bajo una gruesa capa de polen siento como voy cediendo al verano que me pudre. Todas las posibles vidas que me roban siguen escondidas entre tallos débiles que se van doblando. En mi silla observo como nada me levanta.
En primer lugar está el chico de pecas, que se duerme sobre sus propias manos y no entiende cómo puede despertarse, porque la palabra padre cae en picado sobre sus decisiones. Padre y aún no sabe lo que es el amor, no sabe cómo se hace un beso.
En segundo lugar tenemos al chico de los labios hacia adentro, la piel de terciopelo. Es demasiado amapola como para llamarle plantita. Domina tanto el beso que aún sin verso se pierde el amor. No lo comprende con los dedos. Un poco con las lágrimas.
En tercero es el chico que brilla en la oscuridad. Luna lunera cascabelera.., tiene en la voz un megáfono. Ha ejercitado con tanta intensidad las cuerdas vocales que vibro en un suspiro que suelta.
El cuarto es el chico que ha ordenado sus piezas colocándolas en dos montones: el primero lo que le sirve y el segundo lo que me presta. Su pelo encaja muy bien con mi alopecia. Pero no estoy segura de que en todo lo demás nos compenetremos.
Y en quinto lugar, casi escapándose, el chico como cometa. Aún no lo veo con certeza. Pero tiene una sonrisa que me ha imantado. Tiene un pellizco de baila. Me mueve algo dentro y no, no me lo repitas más que ya no existes.
Bajo esta maravilla me escapo al futuro, sobre todo lo dicho, el amor se me estalló. Ya no hay. Ayer me latías -pum, pum,pum- hoy... Hoy tu boca es inmarcesible. Inaccesible.



jueves, 14 de mayo de 2015

Abdución psicoquinésica de Claudia para humano

¿Quién niega que mi estado de hoy es una rotura de la caricia de ayer?

Tres cortes que sesgan. Un vértice común en el que maquillo el llanto.

La primera caricia fue con las uñas. Me separó de la voz de ciruela. Dos. Caprichos divididos en la incomprensión de unas manos de papel que no temen las olas. Piel blanca en media risa. Mil noches con vaso en mano en la que ella no estaba pero estaba. Arrebatándome mi paz domesticada, sentando su plenitud a los pies de la cama. El pelo derramado mientras entrecierro los ojos. Me regalaste un motivo por el que morir antes de mi tercer nacimiento.

La segunda fue una rebanada que rompió mis manos en dos. Mi cuerpo nunca se recuperó.
La voz pausada ahora se redescubre en un grito traidor. Escucho el goteo de su ansia. Imito movimientos que su hilo me ordena porque soy esclava de nosotras. Me enrojeces. Me enrojeces en los vómitos de tu boca y en la opresión de tu puño. No quiero mirar tu espasmo lleno de nada. No quiero escuchar tu carcajada que miente. Tu nariz se ahogaría en el rodeo hacia tu garganta. Manchas de rojo vasos que tu piel no puede disimular. Desordenas cada estrago del naufragio. Te avergüenzas. Hemos descubierto un refugio sin cocina.

El otro pedazo de mano -meñique incluido- se lo dí de comer a una orca torpe. Tú. Te has postrado frente a la masa y has sentenciado una perfecta lista de cosas que sólo existen ahí donde tú puedes ver. Qué difícil es preguntar a cambio de un beso de cristal. Qué sencillo es una ventana metálica para que brillen mis huesos al mirar. Tienes una cabeza tan enorme que has tenido que esconderte detrás del vicio limpio. Cerrando la puerta tras de ti te has subido a una alfombra mágica que no puede volar. Nos has regalado turbantes de seda y perlas. No te pienso arrebatar las alas, pero asume que es decoración de la casa y no un pájaro. La faraona se ha burlado de los gatos que tú casi pariste. Ahora es romana y lleva sandalias. La lluvia resguarda de la dura caída. Tozos de café por todo el cielo.


No, no me habéis robado más que el regalo que me dais. En las flores empecé a ver un brillo dorado que ahora idealizo pero es mentira. Si es de ayer ya no me sirve. El manto que compartimos me dejó completamente desnuda ante una flota salvavidas que poco conocía los icebergs. Mendiga recostada en cuentos digitales. Alzo la mano a una limosna que lee cosas que no comprende. Me habéis lanzado acantilado abajo, piedras arriba y aún conservo respiración con cuatro dedos para escribir que si el amor no existe mi vida ha sido diseccionada por una rana verde.  

jueves, 9 de abril de 2015

Construcciones imposibles [inamovibles]

Me sentaba en el columpio, me impulsaba progresivamente y saltaba. Yo quería caer de pie sobre la gravilla, pero en el último momento siempre me temblaba alguna articulación y me manchaba las rodillas. Las tenía completamente sucias, decoloradas por mi fracaso.
A escasos metros de mí, mi hermano descansaba sobre un suelo lleno de piedras diminutas. Mientras yo cogía velocidad, él agarraba una piedra con parsimonia. La miraba, le daba vueltas. Yo seguía moviendo rítmicamente las piernas mientras que él les ponía nombre:
    - A esta la voy a llamar María, será bondadosa y regalará todos los pedazos que se rompan de ella.
Entonces la colocaba en el suelo y cogía otra:
    - Tú te llamarás Pablo, serás una piedra salvada, rescatada de un zapato. Serás la piedra más feliz de todo el suelo porque comprenderás la alegría de sentirse libre, de no estar solo.
Intentaba colocar una sobre otra -hecho que le resultaba prácticamente imposible por su textura y tamaño- mientras que con su otra mano seguía bautizando piedras:
    - ¿Has visto como todas se caen?- le decía a una de las chinas- necesitan a alguien que las sostenga... Necesitan a alguien que desde su inestabilidad las apoye ¿qué te parece, Pedro? ¿quieres ser tu la base?
Y la colocaba en un lateral, pero las piedras seguían cayéndose.
Yo lo miraba desde el columpio:
    - No puedes hacer un castillo con chinas, no es como la arena de la playa.
    - ¿Por qué no?- preguntaba él.
    - Porque no se puede, no están hechas para eso. Están hechas para ponerse unas sobre otras desordenadamente.
    - ¿Por qué?- inquiría.
    - Porque las cosas son así. Cada una tiene su sitio.- respondía yo asqueada.
Pero a él le daba igual y seguía con su juego.
Por aquel entonces podría achacarse esa actitud a un juego de niños, podría considerarse una diversión como cualquier otra, pero llegó el momento en el que optó por hacerla real.


Mi tía se lleva las manos a la cabeza. Desde el sillón la miro.
    - ¿En qué momento empezó todo?- se pregunta en voz alta.
Yo pienso en sus seis años. Pienso en aquel columpio que me preocupaba, superación interna. Pienso en sus manos dando, ofreciendo. Mi recompensa era inmediata. La suya incomprensible ¿de qué servía ponerle nombres a las piedras? ¿para qué las ordenaba? Eran preguntas que ya me inquietaban y me remueven aún.
    - ¿Cómo no nos dimos cuenta?- sigue diciendo.
Parece que al fin y al cabo lo tenía claro. Ha encontrado el pegamento para unir a todas esas piedras: él. Su capacidad de sujetarlas sin descanso. ¿Conseguirá mantener el castillo en pie? Claro que sí.
    - ¿Y por qué?- recrimina finalmente.
Su objetivo no era egocéntrico. No quería construirse el castillo. Había encontrado algo que lo reina, algo que -con justicia- es capaz de organizar, algo que es causa y consecuencia de sus obras. No conseguirá ver el final, la meta, el objetivo. Parece que para él era -y es- más importante el proceso. Sería como si yo me hubiera columpiado sin tener la pretensión de conseguir saltar de pie.
    - Porque es mi sitio.
Mi hermano responde pausadamente. Da todo lo que tiene. Lucha por causas perdidas. Las causas vencidas son tan atractivas que les muestra cordialidad; en cambio a las perdidas les dona órganos sin necesidad de operación.
Parece como si lo viera recogiendo sus piedras y volviéndolas a montar. Sin prisa, tiene toda la vida.

    - Bueno, de niño bautizabas piedras- sonrío satisfecha- ahora puedes bautizar niños...

    Siendo también piedra. 




domingo, 22 de febrero de 2015

Vals de Monstruos descripción extendida

El artista se sienta ante su obra.
Los trazos son firmes y bien trabajados. El esfuerzo ha merecido la pena. La inactividad creativa al final puso ser apaciguada. El dibujo está cerrado.
Pero pese a las múltiples felicitaciones recibidas, el autor frunce el ceño sentado a los pies de la cama.
La luz es correcta. Las sombras coinciden. Los sujetos son proporcionales y muestran claramente lo que trataba de representar.
Pero él está insatisfecho. Mueve rítmicamente la pierna.
- ¿Sabes que le falta?- dice ella entrando en la habitación- amor.
Él sonríe mientras ella le abraza el cuello por detrás.
- Alguien lo acapara todo.
Él se gira y le sonríe un beso o le besa una sonrisa. Ella le propone un trato. Esa noche saldrán a bailar pero no pueden caerse de la cama.
Él se ríe y la llama loca, la llama amor, la llama ella, la llama pero no sabe cómo, la llama más que a nadie en el mundo, la llama. Ella quiere pisarle los pies.
Ambos deciden que es hora de poner música. La aguja resulta ser la boca de él, y el disco resulta ser el alma de ella. Nunca en la historia universal del beso uno había sonado parecido. En eso ambos coinciden.
Empiezan a regalarle al suelo los pesados disfraces diurnos: ella le quita a él la frustración, él le desabrocha a ella los complejos. Ninguno de los dos quiere tropezar con mentiras.
Los besos les van robando el cuerpo, la piel se eriza en una carcajada.
Comprenden entonces las teorías acerca del universo y las corrientes filosóficas sobre la existencia humana. Él entiende que la teoría de cuerdas es insuficiente para amarrar la vida de ella. Ella descubre que Nietzsche sería capaz de resucitar a Dios si escuchara los ojos de él.
Las descripciones que se hacen de este momento solo son una diminuta gota en medio del desierto. Es como si aprender a amarse les hiciera olvidar todo lo demás.
El baile continúa, ambos encajan sus pasos, alguna vez entonan una melodía humana (como si la esencia se les escapara por la boca). Parece que las cicatrices ahora son piel blanda. Alguien se ha comido a besos el miedo a saltar, A saltar sobre el tiempo, sobre lo inevitable.
Estos pensamientos se van fundiendo con luces, sombras, dos sujetos proporcionales y sueños que alguien ha arrancado de dormir y ha arrastrado hasta la almohada.
Es amor.

Tras la paz, el sol se hace presente por la mañana. Él estira las piernas para enroscarse en ella, pero ella no está. Se incorpora.
-¿Sabes qué le faltaba?- dice él gateando a los pies de la cama- amor.
Ella sonríe mientras él le besa el cuello por detrás frente al espectáculo visual:

Dibujo realizado, una vez más por Marcos Barrientos (Twitter e Instagram)
También podéis encontrar monstruitos de los dos en @Buscamonstuos (Twitter e Instagram)
Gracias, mil gracias.


sábado, 21 de febrero de 2015

La historia de los naufragios de bañera

Metió temerosa su huesudo pie en la bañera. Tenía la piel curtida con un par de cicatrices que la habían elegido a para el abrazo.
"¿Y si el amor es como el agua?" pensaba vagamente.
Notaba las gotas paseando sin timidez, el líquido abarcándola. Como sí de repente cupiera en un beso o una cáscara de nuez.
Una imagen nubló su mente y recordó su sonrisa, cuando entonces aquel pez pequeño empezó a besarle los pies.
Se sentía viva, única, especial. Sentía que estas tres palabras se las había empapelado y regalado con ternura. Parecía que la vida no le reprochaba cosas que nunca había hecho y que siempre había sufrido.
"Haré cualquier cosa por ti" dijo ella clavando la barbilla en el suelo.
"¿Qué haces? Dame la mano" dijo aquel pececito besándole la nariz. 
Ella quedó tan sorprendida de la bondad que estornudaba aquel pez que lloró en la bañera: curada, dañada y naufragada de sí misma. Temblaba de alegría junto a aquel pez que crecía.
Poco a poco se vio en el espejo. Se sorprendió al notar que verdaderamente, en los ojos de otro, su rostro escondía una identidad.
Y una caricia.
Y los besos de pronto tenían eco. Y sonaba a eternidad.
"Parece que realmente soy alguien" se sentenciaba ella con terror. Entonces sonaba la música del ahora.
Guardaron las canciones de los años cincuenta. Se empezó a preguntar con curiosidad si podría adaptarse a otra vida y le abrió la rendija al tiburón blanco.
"Yo puedo salvarlo" se dijo.
El pececito cedió a su pesar. Le besaba la punta de los dedos. Ella reía.
El tiempo hizo que no cupieran en sus vidas. El tiburón nadaba en círculos dispuesto a conseguir. Era un tiburón tan ciego como seguro; y claro, decidió devorar al pez.
Ella lloró, lloró un lago y se agarraba el estómago porque mantener la cordura era un deseo roto.
Cedió al poder del tiburón y decidió empezar una de esas historias que ya están acabadas.
Esquivaba mordiscos y se dejaba llevar por un mar de dudas. Jugaba a que el amor era como perder a las cartas y que las cartas no tenían remitente.
Se recomponía de pedazos perdidos en el camino.
Cruzaba los dedos en su espalda cuando le obligaban (bajo pena de colmillos, bajo chantaje de besos) amor verdadero.
Se veía irreconocible, desenfocada de su pasado y de su propia concepción.
Un verano al sol escapó. Se dio cuenta de que no dejaba nada atrás. No quería mirar la espiral que habían dejado sus tragedias como huellas imborrables.
El tiburón vomitó al pez. Pero el pez ya sólo sabía conjugar en pretérito imperfecto.
Por primera vez se puso a nadar; conforme nadaba notó que esos profundos dolores, esos sujetos se igualaban.
Los dos eran ballenas.



Dibujo y Grafiti realizados por Marcos Barrientos

He encontrado mil maneras de describirme...

... pero ninguna como esta foto.
Y ni siquiera salgo atractiva, 
pero soy yo.

jueves, 12 de febrero de 2015

Dos voces que hablaban sin sonido

- La chica de ojos negros- me sentenciaste. Yo te miraba fijamente.
- Tengo los ojos marrón- dije la primera vez.
Tú me callabas con un beso.
No eran besos cuidadosos, ni siquiera estoy segura de si me besaba a mi o a un fantasma.
                                                                                                                             o a su cabecita (él era capaz).
Pasaba el tiempo y yo estaba deseando que me miraras. 
Me dolían los dientes de apretarlos contra la vida.
«Mírame» 
Pero siempre buscabas una excusa para cerrar los ojos. 
Y me prometiste que el amor era eso: 
estar con el aire justo y exceso de agua.
Yo no encontraba la superficie.
Ya ni sabía si la superficie existía o eran mis ojos inundados.
¿Podría reanimarme?
Un buen día, en uno de tus gritos internos te dio por mirar antes de saltar:
- No tienes los ojos negros- yo tenía ganas de llorar pero no era capaz de quitar el tapón que me ahogaba.
Tú te enfadaste con mi iris, con el amor y aunque no lo sabías con tu cuento.
Entonces dijiste que yo.
Yo agaché la cabeza, porque tampoco lo tenía claro. 
Pero el amor no era eso.
Abriste el tapón y me dijiste:
- Si quieres, vete.
Y aunque tenías la mano cerrada sujetando el objeto yo saqué los pies de mi bañera. Y empecé a llorarme.
Ya no quedaba agua en mi
nunca pudiste volver a tapar el agujero.
Acabaste con un artilugio inútil y la frente alta.
Pero yo ya no te escuchaba porque tengo los ojos marrones. Porque la magia no se ve si no crees en ella. Porque pensabas que era un maniquí.
- El amor no es eso - digo hoy.
- Entonces ¿qué es?- me dicen unos ojos redondos.
- Todo.

domingo, 8 de febrero de 2015

Historia de cronopios y famas
               "El chico naranja"


¿Cómo es el chico naranja? 
El chico naranja es alegre como un chico amarillo pero más sonriente; el chico amarillo opta por dormir, el chico naranja sale a bailar.
El chico azul siempre quiere que le besen las heridas; cuando un chico es naranja aprende a coser para ponerse rodilleras.
Mientras que los chicos verdes tienen los pies planos, los chicos naranjas andan de puntillas. Son un poco patosos y a veces se caen (pero se levantan tan rápido que tienes que hacerle un fotograma para poder verlo, por eso es tan complicado).

¿Qué hace el chico naranja?
El chico naranja casi nunca llora y cuando llora lo hace con su aparato-palpitante en la mano y todos vemos que está llorando de verdad, porque su ventrículo izquierdo así lo muestra.
El chico naranja es capaz de hacerlo todo y a veces se come un poco de mundo (un pedazo de Bangladesh, por ejemplo), pero lo hace sin querer y porque tiene muchas ganas.
El chico naranja a veces pregunta cómo se pronunciaba “amor” y dan ganas de reírse, porque el torpe no sabe que siempre lo anda silbando a todo el mundo, letra por letra y de distintas formas; siempre la misma palabra. El chico naranja es como un abrazo que si aprietas un poco más se te sale ya el disfraz de humano.

¿Quién es el chico naranja?
Yo creo que el chico naranja es lo más cerca que he estado de la inmortalidad, pero es tan consciente de cada minuto, que parece que los roba de los relojes que se paran.
Si cierras los ojos y dices su nombre, sólo puedes verlo con una sonrisa. Y aprietas los párpados porque quieres ver todo aquello que esconde en las rodillas, pero no puedes... ¡y qué frustrante resulta encontrarle!
Sobretodo porque siempre va pegando saltos y cuando crees que puedes alcanzarlo se pone a trepar, a volar o qué se yo. Es que el chico naranja no tiene ninguna consideración con la gravedad ni con cualquier ley física. 
Y por eso ha tenido tantos problemas.
Y por eso no tiene problemas.

¿Dónde está el chico naranja?
Es fácil: esperad por la mañana cuando vuestra madre os de un mimo exprimido en zumo y os obligue a beberlo rápido (por aquello de las vitaminas), mirad fijamente una puesta de sol (pero sólo si es en silencio); buscad entre los gatos al que algún día fue (menos mal que se puso las botas y empezó a ser humano) y por último, también lo podéis encontrar en el boli con el que jugamos a encontrarnos.  

¿Que hace tan especial al chico naranja?
Pues que no lo sabe, 
nunca lo ha sabido. Y dan ganas de gritárselo pero el miedo de mancharlo de otro color siempre obliga a mantener el silencio.
Es por eso que a veces pienso, que aunque fuera capaz de mantenerse quieto, no nos atreveríamos a hacerle cosquillas: es mejor mirarle
                                                           c r e c e r
                                                           r
                                                           e
                                                           e
                                                           r


viernes, 23 de enero de 2015

No tiene sentido no ser un pedazo de magia

Esta noche no quiero hablaros de una mujer, esta noche quiero hablaros de una niña.
Esta es una niña como cualquier otra, pero tiene muchos pájaros en la cabeza. No es su nombre verdadero pero ¿qué os parece si la llamamos Azul?

Azul ha vivido un sinfín de aventuras, ha llorado mucho (porque es muy sensible), ha sido una egoísta y también ha sufrido una risa forzada ante el miedo de no encontrar motivos para soltar una carcajada.

Azul quería ser bailarina de ballet. A Azul la apuntaron a gimnasia rítmica (para ver como era) y le dieron con un aro en la cabeza. Tuvieron que ponerle hielo. Azul no quería volver. Porque, además de esto, dos niñas mayores se metían con ella diciendo que era muy pequeña. Cuando  Azul les decía que ellas también habían sido pequeñas, ellas se burlaban diciendo que no, que eran aliens. Años después, una de esas chicas se enamoraría del amor de Azul. Años después una de esas chicas robaría una ilusión besando (en búsqueda) a un corazón roto que pertenecía a alguien -ya a la nada-.

 Azul se puso a llorar, cuando una vez su madre y un par de amigas, llamaron de broma "tonta" a su tía.  Azul lloró de rabia, y le dolió tanto cuando su tía le dijo que no llorase, cuando le dijo que era una broma...

En el cole tenía que escribir una historia sobre su mejor amigo. Azul no tenía un mejor amigo (todos eran igual de buenos), así que escribió sobre su hámster. Todos se rieron. Azul no lo entendía.

Azul estaba una vez en el patio del cole y le preguntaron "¿qué miras?", ella dijo "nada", otra respondió "el peo que te tiras". Azul llegó a casa llorando. ¡Ella no se había tirado nada!

Azul recogía pájaros muertos, una vez incluso recogió uno al que se le caía la cabeza. Quería curar a los animales. Sus padres la animaban diciendo que esos pajaritos los mandaban al veterinario para sanarlos. Ellos pensaron que lo hacía porque quería una mascota así que le compraron unos pajaritos. Pensaban que era falta de amor, pero no. Azul quería salvarlos.

Azul vio una vez como un niño en un parque de bolas le robaba un calcetín a su hermana pequeña. Le daba vergüenza decirle algo y se calló. Se atormentaría mucho tiempo por este suceso.

Azul lloró mucho cuando vio el final de "El Mago de Oz" ¿por qué no volvió nunca a casa la niña de las trenzas?

Una vez, un pintor le dijo a Azul que la pintaría gratis. Ella no quería pero su mamá insistió. Al acabar, el hombre le dijo que si le daba un besito en la mejilla. Azul se lo dio molesta pero pensó que ya no era gratis.


Cuando azul creció un poco más, empezó a tocar el piano. Antes de un examen se puso muy nerviosa y un compañero le tocó el hombro. "Verás como te sale bien". A Azul le entraron ganas de llorar y él le dijo a la profesora que le acompañaba al baño. En el baño el chico le dijo que lo conseguiría, le sugirió que bebiera agua. Azul bebió. Era muy insegura con las teclas pero lo hizo muy bien. El chico -que hoy día, y ya entonces, es un gran músico- suspendió.


Azul
        era muchas cosas,
                                     pero a Azul
                                                         se la comió
                                                                                el tiempo.

martes, 13 de enero de 2015

A Dafne ya los brazos le crecían y en luengos ramos vueltos se mostraban

Yo ya no estoy enamorada de ti, pero si me esfuerzo puedo volver a estarlo.
Es sencillo, imagina por un momento que no soy una persona. Ahora ya no tengo piel, tengo corteza. Ahora no necesito comer ni dormir, sólo crecer hacia el sol.
Cuando te conocí era un pequeño brote de lo que ahora soy. No medía más de metro y medio y estaba forzando mis cimientos para poder asegurar que no me derrumbaría. Tú llegaste como un arroyo pausado, lleno de vida.
Al principio estiré mis raíces; quería solo acariciarte. Con el tiempo comprendí que era más fuerte bajo tu corriente. Sentía cómo mi corteza se iba endureciendo y poco a poco dejé de ser ese palo lánguido. Sin darme cuenta se estaban alargando mis ramas. Las aves se acercaban a buscar hogar mientras yo me preocupaba por seguir alimentándome de la cristalina agua. Cansadas de su canto sin eco, cambiaron su melodía por ruido. La cálida primavera empezó a secar tu vitalidad y mis enormes pies estaban tan inundados en la tierra que ya no podía salir a respirar, ni siquiera a buscar una nueva fuente.
Perdida dentro de mí, me instalé en cuentos que empezaban con finales, chupando gotas de charcas fangosas, hidratándome exageradamente, casi por gula emocional. Siempre con la boca seca. Pasé estaciones empeñada en mirarme el suelo, en mirarme el pasado y en responder a mi pregunta con una respuesta forzada.
Entonces, el destino me picó en la sien. El maldito pájaro carpintero y su séquito de voladores insistían en hacerme ver por encima de la tierra.
Prometo que no sabía que era posible una vida fuera de mis márgenes. Prometo que no esperaba que la soledad pudiera guiarme tanto. Prometo que la libertad me agujereó a mí y que no fui yo la que levantó rizomas para buscarla. Ocurrió: las hojas se asomaron. Fue la curiosidad por saber cómo serían mis frutos y el querer ver mucho más allá de las copas lo que hizo que, en lugar de colmar de nostalgia lo perdido, arrancara una sonrisa a mis conquistas.

Me muero de alegría triste al comprender que hay infinitos que siempre quedarán en mi pasado y que es mejor no hidratarlos en el presente.
Me muero de alegría triste al aceptar que de ti manarán muchos momentos radiantes en otras naturalezas.
Me muero de alegría triste porque te has apoderado de la palabra bondad.
Me muero de alegría triste porque algún día yo también me marchitaré, me cortarán el tronco, o no sobreviviré a esta catástrofe meteorológica a la que llaman vida…
Pero puedo estar segura de que la alegría la hace uno mismo, y yo no pienso morir triste.



Ilustración: Marte

viernes, 2 de enero de 2015

Me quiero pura, irreductible, yo

Yo no soy más que un diminuto ser nada llamativo. Mi cuerpo no se corresponde para nada con lo que llevo dentro. Mis movimientos son torpes por eso, no me acostumbro a ser yo.
Miro a las niñas pequeñas y pienso ¿cómo era yo entonces? Recuerdo alardes a mi imaginación. Una imaginación que tuve que disfrutar jugando por el día y contra la que tuve que luchar con terror cada noche. Recuerdo esos días de dolor de tripa, de angustia en la garganta. Recuerdo esos días en los que la vida se me quedaba tan grande que me insistían en crecer. Veo mis piernas largas estirándose y veo que mi vida se queda arrinconada ante tanta inmensidad.
Recuerdo una corriente que me llevaba hacia donde yo tenía miedo a ir. El silencio. Los cambios constantes. La obligación de cruzar la cuerda sin mirar abajo y notando como la tensaban por dos extremos.
Recuerdo la necesidad de acariciar mi rostros para reconocerme, para identificarme y asumiendo que yo seguía siendo yo. Que lo que tenía que sufrir no era mi condena sino mi seña de identidad.
Canciones, películas, series y libros que abría, sin ninguna clase de pudor hacia lo que amaba. Pero a veces es una condena estar libre de prejuicios. A veces la gente te mira y te ve con un rostro desagradable, tu amabilidad se convierte en patetismo, tus señas de identidad te hacen vulnerable. Ocurre que te pierdes más en tí misma. Ya no sabes qué hacer porque por encima de ti mismo está el amor que te regalen. Los prejuicios de otros te comen. Tienes que disimular que verdaderamente no los tienes porque si se dan cuenta serás la presa. Te deshumanizas de ti mismo y te encierras en una urna de cristal porque quieres callar esa voz que te grita "¡¡eso no es justo, yo no soy así!!". O sufres. Sufres toda esa lucha contra el exterior y ese triunfo victorioso contigo mismo.
Porque
puedes tener muchas pérdidas
puedes encontrarte vacío y roto
pero si siempre mantienes tu luz
si siempre asumes que esta es tu piel,
                              que esta es tu historia,
                              que esta es la vida,
si siempre te asumes entre la desorientación
puedes estar seguro de que
estás cerca de llegar a tu casa
a tu hogar
a ese sitio que siempre te ha estado buscando.
Que te mira y te dice "TE QUIERO PURA, IRREDUCTIBLE, TÚ"