sábado, 17 de diciembre de 2016

Los jardines

Nos sentamos en la fuente alargada del parque. La intención primaria era refrescarme los pies. La principal, consumar la más certera de mis decisiones. La que me daría alas, al menos momentáneamente.

Él me estaba irritando con su inestabilidad emocional. No por la situación, sino por la esencia que desprendía. Mientras yo balanceaba los pies -metida en el vestido que más tarde se llevaría Natalia y jamás volvería a ver- él bordeaba la fuente con un exagerado aspaviento de brazos. Yo pensé "es increíble lo ridículo que parece desde esta perspectiva". Era como si a un personaje de cómic le decoraran el pecho fornido con un babero para no mancharse al comer. Era como una niña que apenas sabe correr y discute por pintarse sola las uñas de las manos. Y se enfada porque no sabe hacerlo sola.
Él me daba la espalda. Había cogido su mochila y parecía concentrado en escapar de mí.

- ¿Qué haces?- dije asqueada- por favor, ven aquí.

Él giró la cabeza con una pose artística. Frunció el ceño y con media sonrisa, aparentemente muy practicada; giró el trono y se dirigió hacia mí. Otra vez con los brazos en sentido horizontal.

- Estoy bordeando la fuente- me respondió. Ahora voy.

Caminaba lentamente y yo ya había decidido sacar un libro en francés de segunda mano que acababa de comprar. Eran poemas y no entendía ni una palabra.

- No te quiero- no le dije- De hecho, no te quiero ni a ti ni a mí después de ti. De hecho, ojalá yo nos enterrara como somos ahora. Eres estúpido, un crío y piensas que soy una mujer indefensa y fuerte que va a salvarte la vida. Pero como te caigas a la fuente me voy a levantar y a irme.

Dio el último paso hasta llegar a mí. Metí el libro en el bolso y recogí mis piernas. Tiré todo a la fuente. Con un gesto ágil, él alargó el brazo y salvó lo que pudo. El libro estaba mojado.

- Vamos a abrirlo y a ponerlo a secar. No creo que tarde mucho, con el calor que hace.

Mi cara desprendía tristeza.
- Siéntate- le dije. Titubeó un instante y finalmente se sentó.

- No quiero seguir con esto- empecé- No quiero seguir con esto porque me hace mal -mis palabras empezaban a contener emoción- Has sacado algo muy negativo de mí y... y -empezaron las lágrimas- estoy feliz porque he aprendido mucho. Y por primera vez en mi vida estoy segura de que no quiero algo. No quiero seguir con esto. 

Comencé a llorar sonriente. Él también se puso a llorar, con el rostro serio.

- Para mí esto no ha acabado- dijo.
- Pero para mí sí- le corté.
- No, no puede ser así... No me lo creo. No puede ser. Quiero besarte, de hecho: voy a besarte.

Me agarró la cara y me dio un beso. Yo seguía llorando la sonrisa. Fue el último beso que me dio. Un beso tristísimo, porque para mí ya no era un beso: era un choque de piel.

- Quiero que sigamos siendo amigos- me pidió.
- Claro- dije levantándome- podemos seguir hablando. 

Pero mentí. Al menos ahora sé que es mentira. Estoy completamente segura de que no puedo reírme de su simpleza después de que se burlara moviendo el culo en dirección al otro lado de la fuente. Sigo teniendo la imagen de esas piernas contoneándose. Izquierda y derecha. Continúo sentada sin poder hacer nada ante su baile.
Él no se fue cuando hice caer mis poemas en francés. Él trató de salvarlos. Como si importaran, como si el agua pudiera desinfectar los órganos vitales. De todos modos, las páginas están arrugadas.
No volveré a abrir aquel libro.

lunes, 5 de diciembre de 2016

1 de diciembre, A Coruña















"¿Cuál es nuestro capítulo? ¿Hemos pasado ya el desenlace o aún seguimos conociendo las facetas de los personajes? ¿Cuál es la parte en la que tú me besas o aquella en la que te rescataba de un secuestro diabólico tras haber conseguido salvarme la vida?
Aún no me identifico con la personalidad de ninguno de los protagonistas y no los posiciono dentro de toda esta historia, y sin embargo los ojos se me iluminan cuando leo sobre las hadas, los barcos pirata, los niños perdidos o las sirenas porque sin duda nos hacen una descripción extraordinaria.

Otras veces leemos poemas en los que te bañas un rato y yo no soy capaz de sumergirme, el agua es demasiado turbia y ponemos nuestro empeño en comprendernos, subiendo a lo ideal, pero lo humano siempre nos mancha.
Recuerda algún monólogo en el que tú decías que la relaciones siempre son difíciles y yo pensaba en el tiempo putrefacto que se olvida en un rincón cuando las cosas son accesibles, las personas son accesibles y ya no hay que demostrar nada, no importa aprovechar nada.

Comienza la segunda parte aunque quizás relea la primera, marcando algunas guías, las que siempre me han ayudado a ser quien soy hoy, las que ayer te gustaban y hoy nos hacen esconder."


Por siempre, hasta el domingo. 


martes, 6 de septiembre de 2016

Introducción a la sequía

Lo que menos me gustó del viaje al centro de tu tierra no fue encontrar todo ese campo sin arar. No fue toda esa arenilla maltrecha; deseosa de sol, de agua, de abono natural. Te aseguro que me habría sentado a la sombra de un ciprés -alargada o no-, esperando a que trajeras materiales para que juntos pudiéramos teñir de verde el marrón.

Lo que menos me gustó fue que no quisieras; fue que me increparas que estaba ahí sentada. Que escupieras tanta exclamación sobre mis piernas ¡Habría sido tan sencillo exponerlas sobre el campo! Nos habríamos ahorrado meses de hidratación.

¡Me dejas el trabajo sucio!” decías. Manchabas mis rodillas de saliva templada. El calor me derretía. “¿No hay ninguna casa cerca? ¿No hay arroyos?” susurraba mi voz alicaída. Tú me fruncías el ceño hasta que todo tu pelo anegaba tu rostro. Ya no encontraba ojos ni boca. No tenía claro a quién dirigirme, por eso impulsé mi cuerpo a levantarme…


Y estando de pie, te pusiste a llorar, a sudar, a regar lo que ya estaba empantanado de nuestro barro, dejando -tras de ti- la peor de las cosechas.

http://www.louievanpatten.com/


miércoles, 17 de agosto de 2016


Esos conflictos deberían haberse solucionado cuando aún se podían acunar, manchaban todo de babas y gateaban por el salón.
Ahora es muy diferente.Visten traje y corbata, se defienden con amplio léxico y tienen la voz ronca de fumar.
Están tan desarrollados que a veces se sientan sobre mi cabeza y van dirigiendo las piernas. Seducen a mi razón con esa barba perfectamente afeitada y desbancan al optimismo gracias al dulce olor que desprenden. Tras ese perfume se encuentra lo putrefacto de mis luchas no ganadas. Esos ataques que intenté propinarle sola, completamente sola; mientras otros lo alimentaban a base de ignorarlo, de restarle importancia o de miedo a enfrentarlo.
¿Somos todos igual de culpables de su desarrollo? Es la situación la que le dio a luz, la sociedad la que lo ha alimentado y yo la incapaz de ahogarlo cuando -aún ahora- nos miramos en la bañera.




domingo, 12 de junio de 2016

Manual de egocentrismo - Primera toma de contacto

Flavita Banana, amaestrando el humor que se rinde a la rutina.

Mirándome hoy al espejo, he descubierto una nueva toma para una sesión fotográfica antroclaupocéntrica y, al querer plasmarla de forma no visual he descubierto que -¡sorpresa!- se me enreda la primera persona del singular.
Quiero decir, ¿no os resulta costoso que escriba desde el más profundo "yo", dejándoos mirarme pero sin permitir que os adentréis en el diálogo? ¿escribo conversaciones o monólogos?

Evidentemente bromeo, solo hay que echarle un vistazo a este blog maltrecho para descubrir que me importa bien poco que se me entienda, que mis expresiones van enfocadas a mí, puesto que no me veo capaz de ofrecer rotundas afirmaciones sobre sujetos que no conozco (vosotros).
Pero ¿qué estoy haciendo? ¿acaso es cierto que estoy esperando una respuesta a esta especie de "disculpa"? Me digo y me contradigo con una preposición de diferencia, no mucho más.

Me he vuelto a enredar, ¿veis lo que digo? cuando pienso en vosotros salta mi pánico escénico. Quisiera mitigarlo mirando al vacío o imaginándoos desnudos. No puedo: vosotros aún no existís y esto es la pantalla de un ordenador y no encuentro el fondo. No os preocupéis, voy a armarme de valor y voy a hacer cosquillas a las cotidianidades que se nos abalanzan sobre las axilas. Como bien sabe hacer Flavita y todos esos seres humanos que somos torpes al silencio por naturaleza. Y por obligación.

P r ó x i m a m e n t e ... 

jueves, 2 de junio de 2016

¿Quién eres, Claudia?

¿Eres esa voz que te suena en la cabeza? ¿La ansiedad nocturna? ¿La frustración continua? ¿Eres la sensación de cambio cuando empezaste a crecer? ¿Eres fe? ¿Colombia? ¿Eres la que sale en las fotos? ¿La que actúa en teatro? ¿La de los brazos demasiado flacos en comparación con el cuerpo? ¿Eres la que ya no sabe abandonarse al llanto? ¿Eres fuerza o eres caída? ¿Eres ese continuo encogerse de hombros o eres el muro de Berlín? ¿Estás en ruinas? ¿Eres el tiempo perdido dentro de tu piel? ¿El abandono continuo? ¿El salto que no diste en Mallorca? ¿Eres la fidelidad? ¿La mentira? ¿Eres el amor o eres el sexo? ¿Eres el aire que respiras o el que sostienes bajo el agua? ¿Eres caos o eres orden? ¿Claudia? ¿Eres el secreto? ¿La rendición de Breda? ¿Eres las mujeres fuertes que has conocido? ¿Los hombres de los que te has enamorado? ¿Dónde estás ahora que te busco? ¿Eres bondad o eres egoísmo? ¿Eres la canción? ¿Gritas? ¿Mueves las piernas? ¿Te tiras en el suelo? ¿Eres la que se ha cortado el pelo a sí misma? ¿La que se culpa de lo que no es suyo y se exculpa de sus pertenencias? ¿Eres lo que te queda? ¿Eres el sueño que le regalas? ¿Eres el diario de Pizarnik o el amor de Rayuela? ¿Te has perdido en Neruda? ¿Puedes olvidar lo que crees que es real? ¿Puedes creer lo que consideras incierto? ¿Escribes? ¿Por qué? ¿De verdad tienes algo que decir? ¿A quién? ¿Por qué estás tan triste? ¿Por qué eres tan vieja si acabas de cumplir 20 años? ¿Por qué te da miedo tu casa? ¿Por qué crees que tienes algo que aportar? ¿Por qué ya no eres? ¿Te crees capaz de bucearte sin querer pescar? ¿Sin que te atrapes en tus redes? ¿Pides lo que no puedes darte o lo que no aceptaste en su momento? ¿Por qué te emociona la simpleza? ¿Te han intentado apuñalar o has sido tú la culpable? ¿Hay algo que no exista en ti en potencia? ¿Lo podrás explicar? ¿Lo entenderán? ¿Lo querrán entender? ¿Habrá alguien ahí? ¿Era mejor la sonrisa que el cerebro? ¿Cuánto va a durar? ¿Cuánto vas a durar? ¿Estás bien para lo que eres o simplemente estás bien? 

lunes, 9 de mayo de 2016

El traje nuevo del emperador (no hace falta, tengo más complementos)

Estoy escribiendo porque me parece una injusticia e irresponsabilidad el  continuar no haciéndolo.
Mi querido Fregocre tiene un cuaderno tan ordenado y limpio que me ha dado mucha envidia. 

En ciertas narraciones infantiles el protagonista se ve afectado por poner en duda alguna evidencia. La paradoja de esa situación hace que el personaje se caiga sobre sí mismo. ¿Dónde acabará el precipicio? ¿Cómo volverá a subir?
En mi caso también fue así. Me vi ante palabras repetidas, que se borraban dejando al descubierto una ridícula desnudez.

Tras el suceso, mi seguridad brilló por su ausencia y me sentí obligada a no volver a salir al reino. Sonrojada por el propio disparate que me había permitido cometer. En realidad nunca he escrito demasiado bien. Vaya. Estas palabras estás muy mal formadas, esta expresión no alcanza lo que quieres decir. No entiendo ¿Por qué nadie dijo nada? ¿a qué he dedicado todos estos años? Hasta llegar al punto de ¿dónde estoy? ¿qué hago?

Lo peor no es haberlo descubierto. Sin duda, es haberme dejado llevar por emociones poco racionales. se me ha atascado la idea de que mi decisión no fue nacer siendo estrella; sino aprender a mostrar lo que dentro de mí flotaba. Eso a veces cuesta un poco, cuesta un poco pero se disfruta mucho (como diría la madre de Claudia en la obra de teatro que representará La Carraca el jueves).

Dicho esto, me voy a obligar a escribir al menos semanalmente una entrada en mi precioso baile. Me daré muchos besos si tropiezo con los pies. Merece la pena cuando el objetivo es aprender y no colorearse con purpurinas.

Nos leemos pronto. Os dejo un achuchón que me ha dejado un trabajo de Periodismo Especializado.
 No había tenido tiempo de leer Cien años de soledad, pero Matilde, su mujer, que lo había leído en Montevideo, le insistía cada momento: “Tienes que leerla, Pablo, es una gran novela. Tienes que leerla”. En esos días Neruda llegó a Manizales para el Festival de Teatro. Los periodistas le preguntaron su opinión sobre mi libro. Tranquilamente dijo: “Es la mejor novela que se ha escrito en español después de El Quijote“. (La frase hizo carrera). Al volver a su hotel, Pablo le dijo a Matilde: “¡Tienes que conseguirme ese libro, porque me acabo de meter en la grande!”. Para mí, lo importante es que Pablo leyó el libro y jamás rectificó su concepto de Manizales.
Enternecen.

domingo, 10 de enero de 2016

Amiga mía de corazón blanco:

Te escribo estas palabras repudiando cualquier otra forma de comunicación. Rechazando también la posibilidad de estar apretando tu mano, no hay otra solución.
La distancia no se me hace pesada por no verte tanto como por no vivirte. Es triste, amiga, tener que luchar contra esas olas, contra ese cielo, contra la tierra; solo para aceptar poder compartir algo contigo. Esa exiguedad se nos cuela. Es como si, en aquel momento que tenías mi zapatilla y decías "voy a ponérmela porque llevo pantalones largos" yo estuviera viendo de tu boca no salir palabras, sino caer arena de tiempo.
Corre, sigue corriendo, con tus zapatos o con las míos: el tiempo. También tú. Mucho ha pasado ya desde la noche de esterillas, tumbadas en paralelo, con las cabezas pegadas para escuchar susurros. No podía creerme tanto universo -intentando cazar estrellas con los ojos, sufriendo las entonces seis dioptrías-, no podía creerme que cupiera en ti tanto universo -intentando cazar tu temblar con los oídos, sufiendo entonces complejo de insuficiente-. Sin parar, no paraste. Desde la primera capa de fango que te quitaste seguiste enseñándote apolínea. "Me da verguenza llorar yo" te dije sin encontrar la forma de decirte lo decrecida que me sentía entre tu bondad. Te reíste. Porque amiga, tienes la "t" de tenaz marcada. Los desastres meteorológicos no te afectan ni en el pelo.


Tres agostos y aún me emocionas.
Tu mal humor, tu sinceridad agresiva. La incapacidad de ser amable cuando toca. Las patadas a lo "convencional": juegas un partido y lo ganas, no te falta entrenar. Que vinieras a verme y pasaras la noche vete a saber donde, porque tú eres tu decisión. La llamada que hiciste a ese ángel por su cumple -ese que vive en mi casa-, y la que no me hiciste a mí al mes siguiente. Me sigue emocionando.

Soy inepta para cuidar lo que planto. Sé que no es uno de tus defectos.Tú eres cabezota, y disfrutas tanto enfadándote que a ver quién es capaz de decirte que no. Soy inútil a la hora de abrazarte desde tan lejos. No quiere decir que no lo intente, que no te tenga colgada en la pared. Camiseta llena de colores y manchas. Compañera de litera y de corazones que latían y laten. Canciones, chicos con el pelo rizado, chicos con piel morena -o negros-, chicos cuyo atributo puede rimar con "desperdicio". Soy un desastre para decirte que te quiero sin usar esas palabras tan sobreexplotadas.
Pero te quiero, amiga, torpemente.

Has venido a entender a la perfección el dolor, a abrazarlo, a obviarlo. Has venido para lo que quieras,
Raco.

Foto de @gabtraps