domingo, 24 de noviembre de 2013

EL ODIO

No debería estar permitido jugar con esa palabra, y mucho menos con ese sentimiento.
Cuando dices que odias a alguien te sientes más grande, te sientes más fuerte, más seguro, más poderoso, más claro. Intentando negarte a ti mismo en tu propia confusión. El odio no es lo que piensas. El odio no es esa fuerza que hace que te arda algo por dentro. Eso es rabia.
El odio es vacío y hueco. No es indiferencia (ni intento de la misma). El odio es deseo, ansia de mal hacia alguien. El odio es tajante y no duda, porque es odio. Es el inverso al amor, eso está claro. Todos sabemos que el amor mueve el mundo, pero el odio es capaz de paralizarlo. Y no sé si podéis haceros una idea de lo fuerte que tiene que ser un sentimiento para ser capaz de combatir contra lo más grande que tenemos: el amor.

Ojalá nunca supierais lo que es el odio. Gracias a Dios yo nunca lo he sentido pero he jugado con el miedo al odio (y os puedo decir que no he llegado ni a rozarlo). Por desgracia sí lo he visto y he formado parte del odio producido por la incomprensión, por el desengaño, por la necesidad y por la carencia. He visto odio lleno de dolor después de los sentimientos más grandes, de una vida conjunta y de deseos rotos. Digamos que si el amor no se sabe cuidar acaba desencadenando una serie de peticiones incumplidas y peligrosamente llega al odio. Yo no quiero eso, nacer de una cosa y crecer de la inversa. Os entiendo. Os quiero. Pero no os comparto.

Yo creo que el odio es algo así como un "don" o "cualidad", pienso que cualquiera no puede levantarse un día y odiar. Debe tener mucho desecho interior, mucha angustia, mucha impotencia... O que hayan tirado uno de sus pilares. Se tiene que trabajar, se tiene que tener una mente muy complicada y a veces perversa para odiar.

Y tú, cariño, no la tienes, estás jugando a un juego en el que siempre vas a perder, siempre vas a quedar el último. Porque has nacido para amar, y así eres grande.
 
Foto: sineestesia.

¿Por qué se odia? Se odia porque se muere.
¿Por qué se muere? Se muere porque se vive. 
Y así va este cuento.

domingo, 3 de noviembre de 2013

Espejito, espejito mágico ¿quién es la más bonita?

Me gustaría que se adquiriera la costumbre de (como hace uno delante del espejo) mirarse todos los días por dentro.
De este modo, conseguiríamos descubrirnos a nosotros mismos y sería curioso ir viendo como, al igual que físicamente, vamos cambiando.
Quizás veríamos cómo ese pequeño sentimiento que atesoraba nuestro corazón va creciendo. Ese amor sin importancia que empezó por curiosidad ya está saliendo de la pubertad. Aquél miedo que escondíamos entre emociones mide ya más de metro y medio y tu insignificante sentimiento de incomprensión ya podría independizarse.
Sabríamos también cómo van desvaneciéndose poco a poco algunas ilusiones, después de tanto haber estado luchando con todas sus fuerzas por mantenerse. Asistiríamos al funeral de nuestra dulzura infantil. Observaríamos cómo todos nuestros sentimientos se ponen de luto. Exceptuando a la inseguridad, que mostraría ansiosa una pequeña sonrisa. Junto a ella vendrían las dudas, la impaciencia (metiéndonos siempre prisa) y la aceptación (esa que te susurra que no dejes de seguir a la masa).
Seguramente nos sentiríamos estúpidos al comprobar que nuestro estado físico es lo que menos ha variado durante el transcurso de nuestro crecimiento. Pero para eso no hay solución. No creo que vean factible crear una crema antiestrías emocionales o una operación elimina-celulitis sentimental. Porque es mucho más importante estar atractivo por fuera y desordenado por dentro ¿no es así?