martes, 6 de septiembre de 2016

Introducción a la sequía

Lo que menos me gustó del viaje al centro de tu tierra no fue encontrar todo ese campo sin arar. No fue toda esa arenilla maltrecha; deseosa de sol, de agua, de abono natural. Te aseguro que me habría sentado a la sombra de un ciprés -alargada o no-, esperando a que trajeras materiales para que juntos pudiéramos teñir de verde el marrón.

Lo que menos me gustó fue que no quisieras; fue que me increparas que estaba ahí sentada. Que escupieras tanta exclamación sobre mis piernas ¡Habría sido tan sencillo exponerlas sobre el campo! Nos habríamos ahorrado meses de hidratación.

¡Me dejas el trabajo sucio!” decías. Manchabas mis rodillas de saliva templada. El calor me derretía. “¿No hay ninguna casa cerca? ¿No hay arroyos?” susurraba mi voz alicaída. Tú me fruncías el ceño hasta que todo tu pelo anegaba tu rostro. Ya no encontraba ojos ni boca. No tenía claro a quién dirigirme, por eso impulsé mi cuerpo a levantarme…


Y estando de pie, te pusiste a llorar, a sudar, a regar lo que ya estaba empantanado de nuestro barro, dejando -tras de ti- la peor de las cosechas.

http://www.louievanpatten.com/


miércoles, 17 de agosto de 2016


Esos conflictos deberían haberse solucionado cuando aún se podían acunar, manchaban todo de babas y gateaban por el salón.
Ahora es muy diferente.Visten traje y corbata, se defienden con amplio léxico y tienen la voz ronca de fumar.
Están tan desarrollados que a veces se sientan sobre mi cabeza y van dirigiendo las piernas. Seducen a mi razón con esa barba perfectamente afeitada y desbancan al optimismo gracias al dulce olor que desprenden. Tras ese perfume se encuentra lo putrefacto de mis luchas no ganadas. Esos ataques que intenté propinarle sola, completamente sola; mientras otros lo alimentaban a base de ignorarlo, de restarle importancia o de miedo a enfrentarlo.
¿Somos todos igual de culpables de su desarrollo? Es la situación la que le dio a luz, la sociedad la que lo ha alimentado y yo la incapaz de ahogarlo cuando -aún ahora- nos miramos en la bañera.




jueves, 2 de junio de 2016

¿Quién eres, Claudia?

¿Eres esa voz que te suena en la cabeza? ¿La ansiedad nocturna? ¿La frustración continua? ¿Eres la sensación de cambio cuando empezaste a crecer? ¿Eres fe? ¿Colombia? ¿Eres la que sale en las fotos? ¿La que actúa en teatro? ¿La de los brazos demasiado flacos en comparación con el cuerpo? ¿Eres la que ya no sabe abandonarse al llanto? ¿Eres fuerza o eres caída? ¿Eres ese continuo encogerse de hombros o eres el muro de Berlín? ¿Estás en ruinas? ¿Eres el tiempo perdido dentro de tu piel? ¿El abandono continuo? ¿El salto que no diste en Mallorca? ¿Eres la fidelidad? ¿La mentira? ¿Eres el amor o eres el sexo? ¿Eres el aire que respiras o el que sostienes bajo el agua? ¿Eres caos o eres orden? ¿Claudia? ¿Eres el secreto? ¿La rendición de Breda? ¿Eres las mujeres fuertes que has conocido? ¿Los hombres de los que te has enamorado? ¿Dónde estás ahora que te busco? ¿Eres bondad o eres egoísmo? ¿Eres la canción? ¿Gritas? ¿Mueves las piernas? ¿Te tiras en el suelo? ¿Eres la que se ha cortado el pelo a sí misma? ¿La que se culpa de lo que no es suyo y se exculpa de sus pertenencias? ¿Eres lo que te queda? ¿Eres el sueño que le regalas? ¿Eres el diario de Pizarnik o el amor de Rayuela? ¿Te has perdido en Neruda? ¿Puedes olvidar lo que crees que es real? ¿Puedes creer lo que consideras incierto? ¿Escribes? ¿Por qué? ¿De verdad tienes algo que decir? ¿A quién? ¿Por qué estás tan triste? ¿Por qué eres tan vieja si acabas de cumplir 20 años? ¿Por qué te da miedo tu casa? ¿Por qué crees que tienes algo que aportar? ¿Por qué ya no eres? ¿Te crees capaz de bucearte sin querer pescar? ¿Sin que te atrapes en tus redes? ¿Pides lo que no puedes darte o lo que no aceptaste en su momento? ¿Por qué te emociona la simpleza? ¿Te han intentado apuñalar o has sido tú la culpable? ¿Hay algo que no exista en ti en potencia? ¿Lo podrás explicar? ¿Lo entenderán? ¿Lo querrán entender? ¿Habrá alguien ahí? ¿Era mejor la sonrisa que el cerebro? ¿Cuánto va a durar? ¿Cuánto vas a durar? ¿Estás bien para lo que eres o simplemente estás bien? 

martes, 29 de septiembre de 2015

Viernes, 7 de Agosto

Santiago de Compostela - Madrid
Casas blancas y balcones negros. Piedra y madera. Yo pertenezco a esto.

Los latinos
En los pocos días que llevamos de ruta he descubierto que somos más parecidos a los humanos del continente americano de lo que nos resultaría cómodo pensar. Abrazada a esta idea ha nacido la admiración por las diferencias apreciadas.
Los latinos. Gente. Personas. Humanos.
Maravillas manchadas de café, limpiadas por el más puro sol. Improvisación rítmica, movimiento continuo; pies, manos, caderas. Dos ojos tranquilos que miran y llameantes gritan de rabia. Boca que canta la sonrisa. Tacto continuo, seguro, maleducado, tierno. Abrazos que -lejos de ser piel- acarician la esencia. Dolor profundo por el robo injusto, llanto bailarín por el asesinato cultural. América Latina no se destruye, se reconstruye a base de cabezas sin miedo y manos que dan. Palabras huérfanas de lenguas fallecidas son adaptadas por labios que hablan. Hablan y dicen.

Y a su lado, nosotros.
Europeos maquillados que temen la suciedad. Ignorantes que piensan que el decorado nos salva de la miseria. Conquistadores soberbios que pierden la batalla contra sí mismos. Intelectuales que desprecian la magia de los cuentos. Almas solitarias que nadan en busca de un naufragio que las comprenda. Mirada altiva que tiembla ante la idea de una diminuta mancha de vulnerabilidad. Hombre que en el pico de la montaña la hiere con su bandera.
Nos clavamos en América por la incomodidad de la existencia de nombres sin nuestro nombre.

Y ahora, yo tan pequeña,
tengo la oportunidad de descubrir América por encima de esos barcos cargados de opresores
tengo la oportunidad de descubrir América por abajo
desde la tierra
 hasta la más alta cumbre:
el hombre latino


*Todo lo escrito es sacado literalmente de mi Diario de Ruta

** Dedicado dos españolas que estaban durmiendo a mi lado en el bus mientras escribía esto. Inés, Irene (enamoradas como yo de esta cultura)

*** Dedicado a ese continente: A Eze (que va a cambiar el mundoo) , Chris (que escribe con el alma), Grate (que baila con el corazón), Javi (que es ÉXITO), Sergio (ojos tiernos), 
a las mujeres latinas en general: Eri (auténtica), Ana (Una Quetzal de verdad),  Brenda (toda agradable),  Vane (DULCE),  Flor (tan cariñosa), a Pauleuro (una obra de arte) y a todas las demás, que saben sufrir con la sonrisa...
a los latinos sinvergüenzas de corazón blando como Eric, Palito, Nahum; a Ema (brillo en la mirada y alas enormes)...

Va por todos vosotros, va por la ruta.

 Pero sobretodo, este texto va para 
mi hermana Mariana, que es hija de otra tierra y 
mi tesoro de la experiencia, Marcela.
Me han enseñado a llorar en otro idioma. 

(Nunca antes algo que había escrito había sido un nubarrón para tal lluvia de emociones.) 




domingo, 19 de julio de 2015

Cómo jugar contigo

Jugadores: 
Dos. Uno de ellos con plumas por si se quiere escapar.

Objetos necesarios: 
Nada. Y cada vez menos hasta reducir la nada a _____.

Duración del juego: 
Entre dos y ochenta y seis años -dependiendo del grado de implicación e intensidad de los participantes-.

Reglas:
1. Los dos sujetos han de hablar el mismo idioma, o al menos entender gesticulaciones en un 25% de los casos.
2. Si a alguno de los dos se le escapan lágrimas antes del final ambos serán sancionados con un distanciamiento bajo aceptación mutua.
3. Si el calor congela los sentimientos el juego se da por finalizado inmediatamente.
4. Si se pierde algún labio entre otros dientes fuera del tablero las posibilidades de retirada se incrementan en un 107%.
5. Al comenzar el juego se decidirá una palabra o sensación prohibida. Por ejemplo: si es el cansancio ninguno podrá bostezar hasta el final -esto depende del grado de hedonismo y masoquismo de los participantes-.


Instrucciones:
1. Para comenzar se tiran los dados lo más lejos posible para que ninguno sepa donde y cómo acabará.
2. Durante el transcurso del recorrido intrapersonal e interpersonal no se seguirán las reglas.
3. Al final, como con todo, se acaba. Los niños crecen y los juegos acaban considerándose vicios.


Lo único que me da más miedo que la certeza es la incertidumbre.

Hasta pronto principito, 
hasta tarde bailarín.

viernes, 17 de julio de 2015

Estamos sentados en el coche, una noche más, en la acera frente al portal de mi casa. En el asiento del conductor él. Ojos redondos y risa perenne. En el asiento del copiloto yo. Risa redonda y ojos perennes. Es una despedida más, tenemos la manía de encajarlas en este escenario.

- Si cierro los ojos- empiezo yo- por mi mente pueden sucederse una lista continua de adioses que siempre se nos quedan a medias.
- No cierres los ojos- me responde.
- No. No quiero mirarte.

Como interrogación curiosa él se gira, dirige el cuerpo hacia mí y curva las comisuras hacia abajo.

- No puedo mirarte porque no sé lo que veo – le digo- Es decir... Veo más de lo que hay pero menos de lo que es.
- No entiendo- corta él.
- Yo tampoco.

Y así el tema empieza a hacer círculos sobre sí mismo. Se me pellizca la curiosidad, ¿sabes? Porque en medio de la conversación siempre acabo atinando a su boca -aunque estemos mencionando la existencia humana en el ártico, o aunque me pregunte por las sílabas de los hiatos- siempre, siempre, acabo mareada en la obsesión, en la idea de su boca. La veo arriba y la veo abajo. Moviéndose para musitar alguna respuesta que estoy casi segura que no está pensando, pero que elabora con correcta expresión o alguna que está pensando pero no sabe decir. Recuerdo entonces aquel beso que no supo a nada, aquel otro que coronó la tarta de una de las noches más mágicas de la terrible historia de mi vida. Y pienso ahora qué ¿Ahora esa boca existe? ¿Es una boca entre tantas? ¿Me habla o me besa palabras?

- No tienes por qué pensar así, ya tendremos tiempo.
- Mentira.

Mentira porque yo me voy a enamorar y tú te vas a tentar tu propia suerte. Como siempre. Pero no me duele tanto como sí me duele. Entonces las antes mencionadas palabras se abstienen de dar su opinión y tú me sujetas la cara entre las manos. Escalofrío. Escalohelado. Escaloardiente. Como cogerte la mano en el cine y percibir que suspiras una caricia. Escaloalgo y no escalo nada. Piel. Noto el contorno de mi cara por tus besos. Y tienes razón, ya tendremos tiempo; tienes razón no entiendo nada.
Se repite la historia, yo tiro la ropa por la ventanilla, tú la pones encima; de vez en cuando nos miramos y de vez en cuando nos vemos. Yo me apoyo en ti tan cómoda que no pienso “hogar, hogar, hogar: hogar es en cualquier lugar que esté contigo”. Nada más y nada menos.

- Me quedo una vez más con muchas historias que contarte, con mucho que decirte y sentirte pero he perdido mis labios para hacerlo.

- Te quedas conmigo.


domingo, 5 de julio de 2015

Juegos y gol

Tan preocupada por comprenderme, suponiendo que al entender la vida también podría llegar a situarme en ella. Como si al situarme frente a las reglas del juego ya supiera colocar el balón. Pero no contaba con tus ojos tostados. No contaba con las faltas, los penaltis, los tiempos extra. Contaba hasta tres preparada para el inicio del partido, pero no sabía qué hacer después de cada jugada. Siempre hay otra más. Y tus ojos cafés. Las caídas tontas entre mis pies, los cordones desabrochados. Los despeines y los cepillos que solo sirven para que las niñas chillen molestas. Cuánto me duele que me jales las ideas. Las calzonas que se mueven, y las camisetas que se evaporan. Y tus ojos desayuno. Y tus ojos inicio de cada día, alimento más importante, tus ojos pies descalzos, tus ojos, pelo y raíz.



Foto de Laura Makabresku