Foto de Laura Makabresku
domingo, 5 de julio de 2015
Juegos y gol
Tan preocupada por comprenderme, suponiendo que al entender la vida también podría llegar a situarme en ella. Como si al situarme frente a las reglas del juego ya supiera colocar el balón. Pero no contaba con tus ojos tostados. No contaba con las faltas, los penaltis, los tiempos extra. Contaba hasta tres preparada para el inicio del partido, pero no sabía qué hacer después de cada jugada. Siempre hay otra más. Y tus ojos cafés. Las caídas tontas entre mis pies, los cordones desabrochados. Los despeines y los cepillos que solo sirven para que las niñas chillen molestas. Cuánto me duele que me jales las ideas. Las calzonas que se mueven, y las camisetas que se evaporan. Y tus ojos desayuno. Y tus ojos inicio de cada día, alimento más importante, tus ojos pies descalzos, tus ojos, pelo y raíz.
miércoles, 1 de julio de 2015
Adiós con el corazón... Que con el miedo, no puedo
❀❀❀❀❀❀
En primer lugar está el chico de pecas, que se duerme sobre sus propias manos y no entiende cómo puede despertarse, porque la palabra padre cae en picado sobre sus decisiones. Padre y aún no sabe lo que es el amor, no sabe cómo se hace un beso.
En segundo lugar tenemos al chico de los labios hacia adentro, la piel de terciopelo. Es demasiado amapola como para llamarle plantita. Domina tanto el beso que aún sin verso se pierde el amor. No lo comprende con los dedos. Un poco con las lágrimas.
En tercero es el chico que brilla en la oscuridad. Luna lunera cascabelera.., tiene en la voz un megáfono. Ha ejercitado con tanta intensidad las cuerdas vocales que vibro en un suspiro que suelta.
El cuarto es el chico que ha ordenado sus piezas colocándolas en dos montones: el primero lo que le sirve y el segundo lo que me presta. Su pelo encaja muy bien con mi alopecia. Pero no estoy segura de que en todo lo demás nos compenetremos.
Y en quinto lugar, casi escapándose, el chico como cometa. Aún no lo veo con certeza. Pero tiene una sonrisa que me ha imantado. Tiene un pellizco de baila. Me mueve algo dentro y no, no me lo repitas más que ya no existes.
Bajo esta maravilla me escapo al futuro, sobre todo lo dicho, el amor se me estalló. Ya no hay. Ayer me latías -pum, pum,pum- hoy... Hoy tu boca es inmarcesible. Inaccesible.
❀❀❀❀❀
Anuncio por palabras
Sigamos bailando
jueves, 14 de mayo de 2015
Abdución psicoquinésica de Claudia para humano
¿Quién niega que mi estado de hoy es
una rotura de la caricia de ayer?
Tres cortes que sesgan. Un vértice
común en el que maquillo el llanto.
La primera caricia fue con las uñas.
Me separó de la voz de ciruela. Dos. Caprichos divididos en la
incomprensión de unas manos de papel que no temen las olas. Piel
blanca en media risa. Mil noches con vaso en mano en la que ella no
estaba pero estaba. Arrebatándome mi paz domesticada, sentando su
plenitud a los pies de la cama. El pelo derramado mientras
entrecierro los ojos. Me regalaste un motivo por el que morir antes
de mi tercer nacimiento.
La segunda fue una rebanada que rompió
mis manos en dos. Mi cuerpo nunca se recuperó.
La voz pausada ahora se redescubre en
un grito traidor. Escucho el goteo de su ansia. Imito movimientos que
su hilo me ordena porque soy esclava de nosotras. Me enrojeces. Me
enrojeces en los vómitos de tu boca y en la opresión de tu puño.
No quiero mirar tu espasmo lleno de nada. No quiero escuchar tu
carcajada que miente. Tu nariz se ahogaría en el rodeo hacia tu
garganta. Manchas de rojo vasos que tu piel no puede disimular.
Desordenas cada estrago del naufragio. Te avergüenzas. Hemos
descubierto un refugio sin cocina.
El otro pedazo de mano -meñique
incluido- se lo dí de comer a una orca torpe. Tú. Te has postrado frente
a la masa y has sentenciado una perfecta lista de cosas que sólo
existen ahí donde tú puedes ver. Qué difícil es preguntar a
cambio de un beso de cristal. Qué sencillo es una ventana metálica
para que brillen mis huesos al mirar. Tienes una cabeza tan enorme
que has tenido que esconderte detrás del vicio limpio. Cerrando la
puerta tras de ti te has subido a una alfombra mágica que no puede
volar. Nos has regalado turbantes de seda y perlas. No te pienso
arrebatar las alas, pero asume que es decoración de la casa y no un
pájaro. La faraona se ha burlado de los gatos que tú casi pariste.
Ahora es romana y lleva sandalias. La lluvia resguarda de la dura
caída. Tozos de café por todo el cielo.
No, no me habéis robado más que el
regalo que me dais. En las flores empecé a ver un brillo dorado que
ahora idealizo pero es mentira. Si es de ayer ya no me sirve. El
manto que compartimos me dejó completamente desnuda ante una flota
salvavidas que poco conocía los icebergs. Mendiga recostada en
cuentos digitales. Alzo la mano a una limosna que lee cosas que no
comprende. Me habéis lanzado acantilado abajo, piedras arriba y aún
conservo respiración con cuatro dedos para escribir que si el amor
no existe mi vida ha sido diseccionada por una rana verde.
Anuncio por palabras
Sigamos bailando
jueves, 9 de abril de 2015
Construcciones imposibles [inamovibles]
Me sentaba en el columpio, me impulsaba
progresivamente y saltaba. Yo quería caer de pie sobre la gravilla,
pero en el último momento siempre me temblaba alguna articulación y me
manchaba las rodillas. Las tenía completamente sucias, decoloradas
por mi fracaso.
A escasos metros de mí, mi hermano
descansaba sobre un suelo lleno de piedras diminutas. Mientras yo
cogía velocidad, él agarraba una piedra con parsimonia. La miraba,
le daba vueltas. Yo seguía moviendo rítmicamente las piernas
mientras que él les ponía nombre:
- A esta la voy a llamar María, será
bondadosa y regalará todos los pedazos que se rompan de ella.
Entonces la colocaba en el suelo y
cogía otra:
- Tú te llamarás Pablo, serás una
piedra salvada, rescatada de un zapato. Serás la piedra más feliz de todo el
suelo porque comprenderás la alegría de sentirse libre, de no estar solo.
Intentaba colocar una sobre otra -hecho
que le resultaba prácticamente imposible por su textura y tamaño-
mientras que con su otra mano seguía bautizando piedras:
- ¿Has visto como todas se caen?- le
decía a una de las chinas- necesitan a alguien que las sostenga...
Necesitan a alguien que desde su inestabilidad las apoye ¿qué te
parece, Pedro? ¿quieres ser tu la base?
Y la colocaba en un lateral, pero las
piedras seguían cayéndose.
Yo lo miraba desde el columpio:
- No puedes hacer un castillo con
chinas, no es como la arena de la playa.
- ¿Por qué no?- preguntaba él.
- Porque no se puede, no están hechas
para eso. Están hechas para ponerse unas sobre otras
desordenadamente.
- ¿Por qué?- inquiría.
- Porque las cosas son así. Cada una tiene su sitio.- respondía yo asqueada.
Pero a él le daba igual y seguía con
su juego.
Por aquel entonces podría achacarse
esa actitud a un juego de niños, podría considerarse una diversión
como cualquier otra, pero llegó el momento en el que optó por
hacerla real.
Mi tía se lleva las manos a la cabeza.
Desde el sillón la miro.
- ¿En qué momento empezó todo?- se
pregunta en voz alta.
Yo pienso en sus seis años. Pienso en
aquel columpio que me preocupaba, superación interna. Pienso en sus
manos dando, ofreciendo. Mi recompensa era inmediata. La suya
incomprensible ¿de qué servía ponerle nombres a las piedras? ¿para
qué las ordenaba? Eran preguntas que ya me inquietaban y me remueven aún.
- ¿Cómo no nos dimos cuenta?- sigue
diciendo.
Parece que al fin y al cabo lo tenía
claro. Ha encontrado el pegamento para unir a todas esas piedras: él.
Su capacidad de sujetarlas sin descanso. ¿Conseguirá mantener el castillo en
pie? Claro que sí.
- ¿Y por qué?- recrimina finalmente.
Su objetivo no era egocéntrico. No
quería construirse el castillo. Había encontrado algo que lo reina,
algo que -con justicia- es capaz de organizar, algo que es causa y
consecuencia de sus obras. No conseguirá ver el final, la meta, el
objetivo. Parece que para él era -y es- más importante el proceso. Sería como si
yo me hubiera columpiado sin tener la pretensión de conseguir saltar
de pie.
- Porque es mi sitio.
Mi hermano responde pausadamente. Da todo lo que tiene. Lucha por causas perdidas. Las causas vencidas son tan atractivas que les muestra cordialidad; en cambio a las perdidas les dona órganos sin necesidad de operación.
Parece como si lo viera recogiendo sus piedras y volviéndolas a
montar. Sin prisa, tiene toda la vida.
- Bueno, de niño bautizabas piedras- sonrío satisfecha-
ahora puedes bautizar niños...
Siendo también piedra.
☀
domingo, 22 de febrero de 2015
Vals de Monstruos descripción extendida
El artista se sienta ante su obra.
Los trazos son firmes y bien trabajados. El esfuerzo ha merecido la pena. La inactividad creativa al final puso ser apaciguada. El dibujo está cerrado.
Pero pese a las múltiples felicitaciones recibidas, el autor frunce el ceño sentado a los pies de la cama.
La luz es correcta. Las sombras coinciden. Los sujetos son proporcionales y muestran claramente lo que trataba de representar.
Pero él está insatisfecho. Mueve rítmicamente la pierna.
- ¿Sabes que le falta?- dice ella entrando en la habitación- amor.
Él sonríe mientras ella le abraza el cuello por detrás.
- Alguien lo acapara todo.
Él se gira y le sonríe un beso o le besa una sonrisa. Ella le propone un trato. Esa noche saldrán a bailar pero no pueden caerse de la cama.
Él se ríe y la llama loca, la llama amor, la llama ella, la llama pero no sabe cómo, la llama más que a nadie en el mundo, la llama. Ella quiere pisarle los pies.
Ambos deciden que es hora de poner música. La aguja resulta ser la boca de él, y el disco resulta ser el alma de ella. Nunca en la historia universal del beso uno había sonado parecido. En eso ambos coinciden.
Empiezan a regalarle al suelo los pesados disfraces diurnos: ella le quita a él la frustración, él le desabrocha a ella los complejos. Ninguno de los dos quiere tropezar con mentiras.
Los besos les van robando el cuerpo, la piel se eriza en una carcajada.
Comprenden entonces las teorías acerca del universo y las corrientes filosóficas sobre la existencia humana. Él entiende que la teoría de cuerdas es insuficiente para amarrar la vida de ella. Ella descubre que Nietzsche sería capaz de resucitar a Dios si escuchara los ojos de él.
Las descripciones que se hacen de este momento solo son una diminuta gota en medio del desierto. Es como si aprender a amarse les hiciera olvidar todo lo demás.
El baile continúa, ambos encajan sus pasos, alguna vez entonan una melodía humana (como si la esencia se les escapara por la boca). Parece que las cicatrices ahora son piel blanda. Alguien se ha comido a besos el miedo a saltar, A saltar sobre el tiempo, sobre lo inevitable.
Estos pensamientos se van fundiendo con luces, sombras, dos sujetos proporcionales y sueños que alguien ha arrancado de dormir y ha arrastrado hasta la almohada.
Es amor.
Tras la paz, el sol se hace presente por la mañana. Él estira las piernas para enroscarse en ella, pero ella no está. Se incorpora.
-¿Sabes qué le faltaba?- dice él gateando a los pies de la cama- amor.
Ella sonríe mientras él le besa el cuello por detrás frente al espectáculo visual:
Los trazos son firmes y bien trabajados. El esfuerzo ha merecido la pena. La inactividad creativa al final puso ser apaciguada. El dibujo está cerrado.
Pero pese a las múltiples felicitaciones recibidas, el autor frunce el ceño sentado a los pies de la cama.
La luz es correcta. Las sombras coinciden. Los sujetos son proporcionales y muestran claramente lo que trataba de representar.
Pero él está insatisfecho. Mueve rítmicamente la pierna.
- ¿Sabes que le falta?- dice ella entrando en la habitación- amor.
Él sonríe mientras ella le abraza el cuello por detrás.
- Alguien lo acapara todo.
Él se gira y le sonríe un beso o le besa una sonrisa. Ella le propone un trato. Esa noche saldrán a bailar pero no pueden caerse de la cama.
Él se ríe y la llama loca, la llama amor, la llama ella, la llama pero no sabe cómo, la llama más que a nadie en el mundo, la llama. Ella quiere pisarle los pies.
Ambos deciden que es hora de poner música. La aguja resulta ser la boca de él, y el disco resulta ser el alma de ella. Nunca en la historia universal del beso uno había sonado parecido. En eso ambos coinciden.
Empiezan a regalarle al suelo los pesados disfraces diurnos: ella le quita a él la frustración, él le desabrocha a ella los complejos. Ninguno de los dos quiere tropezar con mentiras.
Los besos les van robando el cuerpo, la piel se eriza en una carcajada.
Comprenden entonces las teorías acerca del universo y las corrientes filosóficas sobre la existencia humana. Él entiende que la teoría de cuerdas es insuficiente para amarrar la vida de ella. Ella descubre que Nietzsche sería capaz de resucitar a Dios si escuchara los ojos de él.
Las descripciones que se hacen de este momento solo son una diminuta gota en medio del desierto. Es como si aprender a amarse les hiciera olvidar todo lo demás.
El baile continúa, ambos encajan sus pasos, alguna vez entonan una melodía humana (como si la esencia se les escapara por la boca). Parece que las cicatrices ahora son piel blanda. Alguien se ha comido a besos el miedo a saltar, A saltar sobre el tiempo, sobre lo inevitable.
Estos pensamientos se van fundiendo con luces, sombras, dos sujetos proporcionales y sueños que alguien ha arrancado de dormir y ha arrastrado hasta la almohada.
Es amor.
Tras la paz, el sol se hace presente por la mañana. Él estira las piernas para enroscarse en ella, pero ella no está. Se incorpora.
-¿Sabes qué le faltaba?- dice él gateando a los pies de la cama- amor.
Ella sonríe mientras él le besa el cuello por detrás frente al espectáculo visual:
Gracias, mil gracias.
Anuncio por palabras
busca monstruos
sábado, 21 de febrero de 2015
He encontrado mil maneras de describirme...
jueves, 12 de febrero de 2015
Dos voces que hablaban sin sonido
- La chica de ojos negros- me sentenciaste. Yo te miraba fijamente.
- Tengo los ojos marrón- dije la primera vez.
Tú me callabas con un beso.
No eran besos cuidadosos, ni siquiera estoy segura de si me besaba a mi o a un fantasma.
o a su cabecita (él era capaz).
Pasaba el tiempo y yo estaba deseando que me miraras.
Me dolían los dientes de apretarlos contra la vida.
«Mírame»
Pero siempre buscabas una excusa para cerrar los ojos.
Y me prometiste que el amor era eso:
estar con el aire justo y exceso de agua.
Yo no encontraba la superficie.
Ya ni sabía si la superficie existía o eran mis ojos inundados.
¿Podría reanimarme?
Un buen día, en uno de tus gritos internos te dio por mirar antes de saltar:
- No tienes los ojos negros- yo tenía ganas de llorar pero no era capaz de quitar el tapón que me ahogaba.
Tú te enfadaste con mi iris, con el amor y aunque no lo sabías con tu cuento.
Entonces dijiste que yo.
Yo agaché la cabeza, porque tampoco lo tenía claro.
Pero el amor no era eso.
Abriste el tapón y me dijiste:
- Si quieres, vete.
Y aunque tenías la mano cerrada sujetando el objeto yo saqué los pies de mi bañera. Y empecé a llorarme.
Ya no quedaba agua en mi
nunca pudiste volver a tapar el agujero.
Acabaste con un artilugio inútil y la frente alta.
Pero yo ya no te escuchaba porque tengo los ojos marrones. Porque la magia no se ve si no crees en ella. Porque pensabas que era un maniquí.
- El amor no es eso - digo hoy.
- Entonces ¿qué es?- me dicen unos ojos redondos.
- Todo.
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