lunes, 6 de julio de 2015

Fe-sí (R)

Entre buscar y buscar uno no siempre encuentra lo que quiere y a veces lo que tiene que descubrir es cuál quiere que sea su hallazgo.

Eso lo sabía bien el protagonista de este texto. Entre salto y salto se notaba que era de viento: así se podía admirar -desde el suelo, donde yo lo observada y paralelamente, donde se le veía tras la actuación- así pretendía parar los pies. Pero ¿quién le planta las raíces en el suelo al aire en movimiento? ¿quién puede? ¿quién quiere después de verlo bailar?

A mi me resultaría negar las maravillas que surgen a su alrededor: palabras. Porque estamos hechos de esas experiencias que no caben en un tarrito y sólo al verle yo ya pensaba que él necesitaría varías fábricas para rellenarse.
Biólogo, periodista, curioso: medio planta, medio humano, sabe mirar. Y después de chocar contra tantos cegatos se agradece alguien capaz de dar utilidad a los ojos. Como con eso con todo. El oído para escuchar, la boca para decir, la nariz para la memoria olfativa, las manos para dar. Pero todo un poquito más.

Claro que nada de esto habría sido posible si no fuera por ser él. Ya lo admiraba yo antes de admirarle solo con leerle. Después las carcajadas, las patadas "accidentales" (por lo menos sin la intención de dañar), conocerle fuera de lo que escribía, dentro de lo que vivía y siendo consciente de que sólo es un simulacro de lo que verdaderamente es...

Que tengo la desgracia de los kilómetros y de los días contados para nuestros encuentros, por no hablar de las obligaciones que tenemos que cubrir -sabiendo aquello de "obligaciones" como algo que nos llena y por lo que optamos conscientemente-. Pero de verdad agradezco la sorpresa de verte, lo agradezco como un regalo personal y no como casualidad del destino. Agradezco el breve, el muy breve, el brevísimo café para aupar los párpados en la locura de enseñar lo que nosotros recibimos gratis. Agradezco las conversaciones a medias, las conversaciones virtuales, el teatro, la literatura, la cultura... Agradezco poder agradecerte y hacerlo durante mucho tiempo.

Gracias en nombre del viento por no parar, gracias en nombre de los niños por estar, por hacer, por actuar, gracias en mi humilde nombre por animarme pensar y por ese abrazo efusivo que no me llegaste a dar -porque al menos de algo me puedo quejar-, gracias por las preguntas -como en Mallorca sobre el Silencio, sobre el campo, sobre Campo de Silencio- tan pequeñas y tan grandes. Gracias por la naturalidad de ser tú, gorra, collar, sonrisa. Gracias por tantos síes detrás del "no" que te pones en el nombre. Gracias por las gracias... ¡Gracias!

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