domingo, 3 de noviembre de 2013

Espejito, espejito mágico ¿quién es la más bonita?

Me gustaría que se adquiriera la costumbre de (como hace uno delante del espejo) mirarse todos los días por dentro.
De este modo, conseguiríamos descubrirnos a nosotros mismos y sería curioso ir viendo como, al igual que físicamente, vamos cambiando.
Quizás veríamos cómo ese pequeño sentimiento que atesoraba nuestro corazón va creciendo. Ese amor sin importancia que empezó por curiosidad ya está saliendo de la pubertad. Aquél miedo que escondíamos entre emociones mide ya más de metro y medio y tu insignificante sentimiento de incomprensión ya podría independizarse.
Sabríamos también cómo van desvaneciéndose poco a poco algunas ilusiones, después de tanto haber estado luchando con todas sus fuerzas por mantenerse. Asistiríamos al funeral de nuestra dulzura infantil. Observaríamos cómo todos nuestros sentimientos se ponen de luto. Exceptuando a la inseguridad, que mostraría ansiosa una pequeña sonrisa. Junto a ella vendrían las dudas, la impaciencia (metiéndonos siempre prisa) y la aceptación (esa que te susurra que no dejes de seguir a la masa).
Seguramente nos sentiríamos estúpidos al comprobar que nuestro estado físico es lo que menos ha variado durante el transcurso de nuestro crecimiento. Pero para eso no hay solución. No creo que vean factible crear una crema antiestrías emocionales o una operación elimina-celulitis sentimental. Porque es mucho más importante estar atractivo por fuera y desordenado por dentro ¿no es así?

No hay comentarios:

Publicar un comentario